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| Larios echando un ojo |
El rugby tiene una cuenta pendiente con los rebotados, con los que pasaban por ahí, con aquellos que simplemente estaban en el sitio adecuado en el momento idóneo. Sin ellos, al menos en España, este deporte se habría perdido a una tumultuosa amalgama de neófitos incondicionales, de los que todavía creen en esa ya manida mística que rodea a todo lo que el oval alcanza, de los que hacen proselitismo y presumen de heridas de guerra de fin de semana, de los que dignifican un poco todo esto en tiempos de farándula. Fernando Rodríguez Larios (Madrid, 1976) es uno de ellos.